Otro fin de semana al ritmo de los caños de escape, las contraexplosiones y el enojo de los vecinos
Una serie de videos reflejan lo que todos saben, aunque muchos no tomen dimensión de las actitudes temerarias y peligrosas de los moticiclistas. El ruido por caños de escapes deficientes, picadas y música denotan nuevamente la falta de controles en la zona costera.
El fenómeno de las contraexplosiones generadas por caños de escape alterados en motocicletas no cesa. El fin de semana pasado los vecinos registraron y enviaron las imágenes de las peligrosas piruetas que ponen en peligro a los conductores y a terceros.
La situación no solo perturba la tranquilidad, sino que también representa un riesgo significativo para la salud mental de la comunidad, especialmente en aquellas que padecen alguna enfermedad.
Los llamados “cortes” que caracterizan estas motos modificadas, son fáciles de percibir durante la noche y la madrugada, cuando el impacto sonoro se propaga a varias cuadras, interrumpiendo el descanso de los vecinos.
También suma a la constitución del caos nocturno, como el que apreciamos en los videos que acompañan a esta nota: tan tediosos como insufribles.
Esto se pudo apreciar en la zona de calle 9 de Julio y Rómulo Naón, en el parque donde se encuentra el mástil.
Maniobras temerarias, música a alto volumen de automóviles estacionados y competencias de velocidad entre motos, que a la hora de denunciar no hay dónde recurrir.
Además de ser una clara infracción de las normativa sobre ruidos molestos —existen ordenanzas—, afectan de manera particular a quienes sufren condiciones de sensibilidad al sonido. L
as personas con trastorno del espectro autista, los problemas de ansiedad y hasta la reacción de las mascotas forman parte de la problemática.
Esta realidad viene de años, lamentablemente, y requiere controles sobre un parque vial que cada día suma más motocicletas. Las herramientas existen para lograr una respuesta efectiva, con sanciones ejemplares.
La contaminación no pasa solo por el humo o la polución del ambiente. También por el sonoro, esencial para la convivencia antes que la reacción por estrés nos derive a los “estados alterados”.
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